domingo, agosto 16, 2026

Todos los otoños de Johnny Barbieri por Miguel Ildefonso

 


Todos los otoños de Johnny Barbieri

 Por: Miguel Ildefonso

 “hoy se ha detenido el reloj a las tres y veinte / y el almanaque cuelga en rojo desde ayer / ahora se pliega la cama para afuera / se doblan las sábanas que aun contienen los gritos / que ya no están / ahora sobra el sol que muestra su inmensidad / a carne y hueso”, con estos versos del poema estación 1/20 de marzo inicia el poemario Todos los otoños (Editorial Apogeo, 2026) del poeta Johnny Barbieri (Lima, 1966). El tiempo, en la poesía de Barbieri, nos revela una verdad, es el acontecer de la verdad del arte, que surge como algo nuevo, “a carne y hueso”. Hans-Georg Gadamer dice: “de un golpe se abre un lugar nuevo”, y ese golpe fue global, el de la pandemia del Covid 19, que aconteció desde un 11 de marzo de 2020, fecha en que la OMS la declaró como tal y reveló un lugar-otro o una tragedia distinta en un mundo acostumbrado a crisis focalizadas y a una mortandad más ruidosa.

 Los poemas de estos otoños de Barbieri calan en lo profundo de las cosas, en lo que sucede al interior de las casas, al interior del alma, con sus diálogos con las personas que ama y que se van perdiendo (la muerte del padre, amistades y demás familiares), y con aquellas que no conoce, los anónimos que ya no pueden ocultar su fragilidad, su vulnerabilidad; y en su mirada y tacto de poeta gira hacia las calles más lejanas (esas “otras estaciones”) y dice: “oigo la ambulancia como si oyera el sonido del mundo en su desesperación” (del poema estación 3/ 27 de marzo). Es el caos que remeció a la humanidad, y estos poemas con su intensidad lírica, con la orfebrería de la palabra para trascender con la belleza, nos humanizan, nos restituyen como seres solidarios, para dejar de ser entes en una lista de números de una estadística burocrática.

 Joseph Brodsky decía que “la belleza es una forma de resistencia en un mundo lleno de caos y desorden”. Y como tal, los poemas del nuevo libro de Barbieri son una hermosa forma de resistir los embates de la muerte: “te dejo mi bandera que icé sobre un nevado / a los veinte años / y luego agité por las calles con sus colores / que gritaban puño en alto: ¡libertad!” (del poema estación 5/ 01-02 de abril) La palabra “libertad” está en cursiva porque no es la que proviene de una arenga política, sino de algo más profundo y pleno y subversivo. Como decía Alejandra Pizarnik: “La poesía es el lugar donde todo sucede. A semejanza del amor, del humor, del suicidio, de todo acto profundamente subversivo, la poesía se desentiende de lo que no es su libertad o su verdad”.

 “la gente camina a la de dios / todo es ilegible sin ellos / yo solo espero en mi ventana” (poema II). Derek Walcott decía que la poesía es un “enamorarse del mundo a pesar de la Historia”; podríamos decir, también, a pesar de la pandemia. Y es que ese “enamorarse” del que habla el poeta antillano es, además, una ética. “quiero salir a buscarte a encontrarte a gritarte tras ese / pequeño soplido que parece salido del infierno / quiero verte en camisa hawaiana y no en ese cuervo / que grazna ruidosamente y hace negro el verde”, fragmento del poema VI de la segunda parte titulada Viejo Bob (el libro se compone de tres partes, la primera titulada Otras estaciones y la tercera como el título del libro). Ese querer salir, entonces, para encontrar la vida, para dar libertad a su amor a la vida y a la belleza, es una verdad inmanente a nuestra condición humana. Y es que, finalmente, todos los otoños han de pasar para dar nuevamente con la primavera del espíritu.

 

estación 1/ 20 de marzo


hoy se ha detenido el reloj a las tres y veinte
y el almanaque cuelga en rojo desde ayer
ahora se pliega la cama para afuera
se doblan las sábanas que aún contienen los gritos
que ya no están
ahora sobra el sol que muestra su inmensidad  
a carne y hueso
ahora sobra el zurear de las palomas que han emprendido
vuelo a otras estaciones
en aquel rincón donde todo empieza a no ser
solo hay rezos y una rosa enroscada a la infinitud
los muros se han cuarteado y hay una tosecita que va
        expandiéndose por todos lados
un cincel despellejando la carne que apenas es carne
y este mundo a la espera de los que ya no están
ya no hay camino solo polvo crecido alrededor
              solo ese resplandor detrás de la raya
ese punto a lo lejos que va creciendo en el interior
como un grito contenido
esa ventana cerrada a media mañana
esa mano rugosa cerrando su propia ventana
el estertor final que acaso lo ocupa todo
crece el sepia como un ruido cortante al final de marzo
y marzo se abisma para todos.

 


estación 5/ 01-02 de abril
una anciana renuncia a su respirador para
dárselo a un muchacho.
  ella muere.
 
ahora debes ser tú el sol
y la flor que se abrirá mañana para ser también abril
los colores se prenderán en tu piel
hasta ser parte del viejo arcoíris
ahora debes sentir la lluvia cuando camines
por una calle levantando los brazos
y los pájaros vengan a ti
el horizonte se aproximará hasta alcanzar la punta
de tus dedos
ahora debes ser tú quien escoja los besos
quien se eche sobre el verde lleno de muérdagos
que florecen al atardecer
y las aves que gorjeen sobre los muros
para que tú puedas oírlas al despertar
te dejo mi calle
te dejo el ruido del mar cuando revienta entre las piedras
y la arena haga nudos bajo tus pies
te dejo el cielo gris
y los gallinazos dando vueltas
como enroscándose al subsuelo
para allanarse al corazón
te dejo mi bandera que icé sobre un nevado 
a los veinte años
y luego agité por las calles con sus colores
que gritaban puño en alto ¡libertad!
ahora debes ser tú el jilguero bajo el tejado que entone
canciones a la deidad
el lebrel que corre hacia su mañana
el cedro que da sombra a los niños antes que crezcan
te dejo mis huellas
mis tambores que llamen a los retoños
las llaves de este abril sin albor pero con girasoles
ahora debes ser tú el que mañana
se abra paso entre la impenetrable estampida.
 



VI

Se anida el verde crecido alrededor  
del día que ya termina
es el espacio que se trenza  
venido abajo desde ayer
tus dientes muertos otra vez para reír
hay tanta dispersión en tan poco espacio
quiero salir a buscarte a encontrarte a gritarte tras ese
pequeño soplido que parece salido del infierno
quiero verte en camisa hawaiana y no en ese cuervo
que grazna ruidosamente y hace negro el verde
quiero verte en una mesa con botellas verdes
pulverizando las miradas
Bob cuanto verde en tus recuerdos
cuantas avenidas verdes para verte y olfatearte
cuanta flor que ayer recién nacían para susurrarlas
en los jardines
hoy las cuelgo en los nichos a donde no llegan mis manos
cuánta escalera para subir a verte Bob
cuánta lápida verde
cuánta muerte saliendo de todos lados que son verde ahora
y ayer y en la hora que indica apenas las seis
cuántas enmarañadas fosas que se hacen verde
y esa onomatopeya del grito final
y ese sonido verde de los tambores y ese gallo que grita
auxilio en el corral
y ese solitario rincón donde se acumulan los ayeres
no te hagas tarde gato verde y escapa otra vez
maúlla tu hora melosa de las seis
tu exactitud de felino techero
futuro guiso con puré
bellos pelos de todos los verdes erizados
atrás Bob que ya llega la tarde sin ti
atrás Bob con tu pedazo de mandarina y esa oración
que no termina nunca
atrás el verde que enloquece
tus gritos que acallan tu lugar de siempre en el sofá
tus tantísimas ternuras.

(Todos los otoños, Johnny Barbieri)