viernes, diciembre 18, 2009

Poemas de Carolina Fernández

sonrió la sandía pepitas negras en el corazón

sonrió la sandía pepitas negras en el corazón no sabía a cerveza ni a pisco sino a lentejuelas de chocolate silenciadas en el paraíso silvestre de maría. tentempié en la mirada universal de una hormiga cruzando el océano amarillo y las murallas encendidas de dinamarca en lima calle horríxona y diletante del hombre de la esquina rosada ataviada de travestis imaginados por las noches aparentemente incólumes y desgarbadas en las puntas de lanza sin juanetes ni tortugas rimadas en las postales que dejaron de arribar


eran balaustres mimados el trabajo no pagado, trabajo del artesano que sería acribillado en veuxeville, crucificado en las cruces eléctricas de texas aprendices milenarios de torturas febrilmente incestuosas. tartamudas y desafiantes voces suicidas anidan las canciones en el manicomio de la despensa garantizada por pesadillas que enjuician los valores de la carne y los metales preciosos que engalanan tu muñeca fina como la de un cuello alto que no es el de mendívil, galanteos, mimos ataviados de voyeur en la universidad privada que aprisiona y disciplina las palabras


tomo el tren entre la bruma de la noche insomne, crispan sus pasos los caballos, redoblan los cohetes, una lluvia de luces se expande en el horizonte ante el señor de los temblores, se quitan el sombrero los danzantes vestidos de coloridos horizontes, se quitan el sombrero para entregar sus ofrendas convertidas en jarrones de plata, amorosas sandalias, mantas y sudarios colmados de piedras y corazonadas labores. reclama el cura la ausencia de plata y oro: cuarzos blancos, rosados, brillantes sin la luz de los ceros a la enésima potencia


se asemeja el timbre de su voz al de una guitarra eléctrica constreñida en la eñe de alguna parte, sus voz se contrae como un cartapacio descolorido que arrojo a la basura porque no tiene sentido la letra sin voz y sin sosiego, camina sorprendida la tarántula sobre los brazos extendido del danzante de tijeras, bailan acompañados de un albur a la espalda del mundo en tecnicolor y sudario



pongo ahora chispazos de luces de colores, luces blancas, luces amarillas con mi rostro de carita feliz que hace brincar tu corazón con imágenes e imágenes de pequeños sueños alcanzables porque las maravillas del mundo están ahí en esa esperanzadora transparencia de los sueños de niño que aún arrancan a mamá pese a todo una sonrisa



Carolina Ortiz Fernández (Lima), ha publicado poesía y ensayos en varias revistas del Perú y la región. Es autora de los poemarios: Cuando la luna crece (1996), Una vela encendida en el desierto (2000) con el cual recibió uno de los premios Horacio del Centro Cultural José Antonio Encinas de la Derrama Magisterial, Un gato negro me hace un guiño (2006) quedó finalista en el Premio Copé de Poesía 2005. Sobre discurso, cultura y poder tiene publicados los libros: La letra y los cuerpos subyugados. Heterogeneidad, colonialidad y subalternidad en cuatro novelas latinoamericanas(1999) y Procesos de descolonización del imaginario y del conocimiento en América Latina. Poéticas de la violencia y de la crisis (2004), libro en el que desde una perspectiva dialógica explora la reflexión descolonizadora de Asunta y Gregorio Condori Mamani, María Elena Moyano, los diarios de Arguedas, la poesía kichwa de Ariruma Kowii, el Infarto del alma de Diamela Eltit y Paz Errázuriz. Viene trabajando sobre el pensamiento social en el Perú y América Latina así como la poesía indígena contemporánea. Es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Sociales de esta misma Universidad.

3 comentarios:

Lic. Teresa Viviano Llave dijo...

hermoso y extraordinario poema

Lic. Teresa Viviano Llave dijo...

hermoso y extraordinario poema...me dejó sin palabras

Anónimo dijo...

solo tienes un poema
no tienes "poemas"