viernes, diciembre 18, 2009

Poemas de Carolina Fernández



madre no eres tú quien tambalea por los años
  
madre no eres tú quien tambalea por los años
no eres tú quien cansada de insomnios rompe la mañana
perdona los enrevesados caminos de mis trenzas
                        (perdona la tristeza)
tantos años  de cautiverio  madre
cientos  de  lucha imparable

quebrantando  las reglas del desierto
lidiando  dardos de la muerte
   
pintaré mi espalda tatuaré mis pies
mi mandíbula Tatuaré mi diestra y mi siniestra
tatuaré las avenidas
con innumerables signos  silenciosos y
bullentes 
tatuaré los malos tiempos
el  aniversario de la guerra
tatuaré las profundidades de la tierra
en mi pequeño sistema solar

  


II

cierro los ojos y giro la cabeza a la derecha  a la izquierda  ahora lo hago arriba y hacia abajo  Me miro en el espejo de mi hija y mi madre complacida de mover los tobillos el tronco las rodillas  de respirar por un momento alejadas del torbellino diario  Es sorprendente
ver a mi hija y mi madre reencontradas  con sus cuerpos   La madre abuela moviendo los brazos los puños el hablar generoso de su cuerpo
tembloroso a pesar de los vaivenes
del espejo

  


grafiti
como en cualquier parte del mundo bambolean  atuendos en el  aire   haz de niebla se lleva la esperanza   un perrito lanudo acompaña a muchacho veinteañero  escriben un inmenso grafiti::  “juanlu fuga” se divisa con letras negras  la pared roja y taciturna camina en zapatillas blancas    el semáforo no se prende si no para contar los aires hoy risueños de sus pasos   muchachas y muchachos púberes arropadxs en clásicos jeans conversan animadxs y sus encendedores abrigan la mañana    mientras tanto a pasos agigantados quisiera correr la arboleda temerosa de  la bacteria asiática  que ha atacado a las palmeras   azul es la cancha de fútbol  por la que circulan miles de escarabajos con una espectacular mochila al hombro   me empino y veo germinar las ramas de florecillas sonrosadas   algarabía de voces infantiles en la escuelita las salinas  mi corazón se hace de sal al imaginarte jugando en la sala de casa que está  al otro lado del atlántico en ventanales milenarios.
: hoy es una mañana menos fría en esta ciudad fantasmal




II
me alisto a comprar el diario  en el kiosko de la esquina  me sorprende la sonoridad de los autos  la sonrosada lluvia de temblores  el llanto y las palabras de una niña en un idioma distinto al mío  que comprende mis apresurados gestos la madre subsahariana  con un pañuelo turquesa sobre el cabello suavemente ensortijado  pasa vertiginosa con su bebé entre los brazos y  otro en el coche azul   de la mañana


  


puerto de palos

s allá de  melocotones  y lenguas cebollita revuelta
otra vez entre las nubes
me detengo a mirar la mañana
de esta ciudad mortecina 
no hay tiempo que perder 
::  limpiar el piso la chimenea y la nevera 
absurda circunstancia que engalana los ropajes de nieve 
el vaivén de los enebros calma
la saudade
allí van las carabelas  navegando hacia el atlántico
allí va el hijo de  tejedores genoveses
llovía a cántaros ayer como llueve hoy  mi inquietud a borbotones,
mar en calma apacigua el dolor de los caminos
la imagen es la misma?
retomo el rumbo
¿lo animó la aventura? ¿el amor? ¿la santa maría? ¿el desamor?
¿las profundidades del mar  y  la memoria? ¿la ventana azul?
¿el organdí?
hijo de tejedores genoveses   guadalquivir
y sus bicicletas invernales



II
me levanto temprano para sacar el polvo a las ventanas
me empino y subo la escobilla una y otra vez quito manchas a diario,
las quito también de  mis sueños y mi rostro 
movimientos sucesivos hasta lograr la calidez perfecta que
gusta a medio mundo
vuelvo por la escoba  el estropajo y la marcha nupcial
sacudo la estatuilla de la muerte
 mirar argentado  me lleva más allá del horizonte
se nublan los ojos   lampedusa  
mar rojo como  el gibraltar




III
ahora canto y muevo los labios en actitud imperfecta 
recuerdo mi sueño era una comarca desguarnecida 
un pensamiento solitario
un cronopio olvidado en el patio de la casa  un transeúnte
desconocido que rompió el silencio de la noche
los cuerpos subyugados no descansan en paz  la mañana
 se viste de indignación perfecta un abrigo  una ilusión
en la vera del camino sucesivas llamadas telefónicas
 bolaño y los perros románticos no conocen
los cantos que acompañan
los campos de mis pasos




 un niño en gorée 

Ahora tú y yo juntos hemos de
 remontar el río de la muerte
Mariela Dreyfus

dónde estooooy maaa
¿dónde estoy?
ma lleva puestos los pendientes que me apasionan masticar
cuando los tengo entre mis manos
me gusta el pañuelo azul que hoy recoge sus cabellos
pero más me gusta que me lleve  a bordo

gozo  bizqueo cada vez que alguien se aproxima
y me da una palmadita en la cabeza
entonces me apretujo más a su cintura
cuando todo pasa me detengo a ver los colores que despliega
cada paso y siento cosquillas en los pies,

entonces engullo un arroz  un cangrejo un alfil
engullo la ciudad entera el estaño  la nuez
engullo  engullo todo lo que puedo
para más tarde arrojarlo en las letrinas
en los párpados  en las sillas
en los acantilados

en el vientre del atlántico





Carolina O. Fernández  es autora de Un gato negro me hace un guiño (2006), Una vela encendida en el desierto (2000), Cuando la luna cree (1996)A tientas  (2016) fue finalista en el premio Copé de poesía 2015, primer premio de los Viernes Literarios. Sobre discurso, cultura, imaginarios sociales, género y poder  ha publicado: Procesos de descolonización del imaginario y del conocimiento en América Latina (2004), Poéticas afroindoamericanas. Episteme, cuerpo y territorio (2014); La letra y los cuerpos subyugados. Heterogeneidad colonialidad y subalternidad (1999).  Ha publicado en diversas revistas de la región. Estudió sociología en la UNMSM, maestría en Letras en la UASB, de Quito Ecuador, maestría en género en la Universidad de Huelva, España. Es  profesora e investigadora de la UNMSM.



3 comentarios:

Lic. Teresa Viviano Llave dijo...

hermoso y extraordinario poema

Lic. Teresa Viviano Llave dijo...

hermoso y extraordinario poema...me dejó sin palabras

Anónimo dijo...

solo tienes un poema
no tienes "poemas"