lunes, junio 28, 2021
Huellas Poéticas: Poesía
martes, abril 13, 2021
Un día del cual tengo ya el recuerdo. POESÍA.
Recital de poesía por el día de la poesía peruana
"Un día del cual tengo ya el recuerdo"
Ocho poetas invitados leerán lo mejor de su producción,
no te lo pierdas.
Este miércoles 14 y jueves 15 poesía para todos.
6:00pm
TODOS INVITADOS.
miércoles, febrero 03, 2021
Poemas de Alfredo Nicolás Lorenzo
IV
A María Antonia Serrano González
Una noche tiene que tener tu nombre
para que sea una noche, y que
el abejorro fije su final con cuatro patas más para el enredo;
en el aguijón, un templo lleno de manos
abiertas atravesados por los clavos; atravesados por la cuerda exacta de tu nacimiento y en la parte más baja del
agua las caracolas asoman sus cabezas. El
fondo del mar, también tiene que tener tu nombre para que sea una noche, y en la madreselva, el orador, decapite los centuriones que no calcularon los ojos petrificados en el asfalto, haciendo la intemperie para todas las preguntas. Un rostro en la ventana, a las tres de la madrugada, es el tragaluz ideal para que siempre haya un rostro haciendo intemperie del asfalto,
con el palito chino
que levantaste porque el peso de tu nombre en la ventana, sabe, que una noche tiene
que tener tu nombre para que sea una
noche. Una noche llena
de abejorros que volando en círculos hacen que la vista se te pierda;
que tus propias manos agarrándote
fuerte por la garganta, tengan el contrapeso de tu nombre abriendo las ventanas; abriendo la arena con
tu cuerpo que a cualquier hora
se levanta.
VI
Hay una tierra que carcome, que tropieza, que tiene sus
testigos fijos en la alambrada, porque el arco hay que tensarlo, y la flecha,
es la única sombra digna de clavarse en las puertas.
X
Hay que seguir golpeando,
aunque en la tierra, las espinas sean el
arco que distorsiona; el arco
sin entender que entre sus puntas afiladas
y las puertas hay un hijo que se levanta; hay un caballo veloz que recorre las palabras
poseso de sus explicaciones, y hay una hija,
vestida con medio mundo,
explícita en las palmas abarcándolo todo, para que la permanencia
de muchas islas en una,
tenga la complejidad suficiente que compromete más de una voltereta.
Hay que recomponer el espejo, para que los peces no pierdan la línea visible de los comensales.
XI
A Dulce María Loynaz
Siempre hay alguien Dulce María que tira las puertas,
aunque los delfines lleguen a la superficie, aunque los delfines en su salto estertóreo
propicien el horizonte, que incluye los arrecifes de un país, y el redondel de
mi casa.
Siempre hay alguien que
te planta
un círculo feroz en pleno rostro, y en pleno rostro un país, una
casa, un grito con el portazo
impoluto del animal que a cualquiera vomita
los arrecifes, y a cualquier hora
el salto de los delfines, es el concierto real de una puerta
que se descalabra.
Siempre hay alguien Dulce María que prolifera con un
tentáculo tras otro y hace del re- torcimiento, un riel de línea borrando tu
nombre del horizonte; borrando un país, borrando los pliegues que lo
justifican; borrando tu nombre tras otro, y un riel de línea rememora mi casa
hasta llegar al fuego.
Siempre hay alguien sin redondel, que cree que su portazo es la mayúscula de siempre o el diminutivo a ras de suelo donde los
vertebrados sancionan el polvo, para que el abrevadero
sea un país, con la estulticia y los microbios
visibles adentro.
Siempre hay alguien, cadáver
mío y hechizo de luna en mi
cadáver, que aborta la pará- bola
del delfín porque incluye una
casa con el estercolero de
sus ventanas ondeando en lo más alto del asta; ondeando a punto fijo sus espinazos de
hierro, y a punto fijo un hombre tras otro haciendo
de sus cabezas el vidrio infernal que
se acumula, y se reparte el
vidrio en la carretera
llenando la noche de púas que se levantan; del
sinfín que nombra
una casa tras otra, hasta que el enterramiento lea tu nombre,
y mi nombre, dichoso por la desdicha.
Siempre hay alguien, Dulce María, un espécimen plural que
esgrime el país como si tres metros bajo tierra fuera la velocidad más cercana, y los puntos
suspensivos, la tierra que nos devuelven
cuando miramos de frente la inmensidad
que nos falta.
Siempre hay alguien, Dulce María, que escudriña los
delfines hasta la superficie, y hace del agua, el descalabro definitivo.
XVII
Yo
soy el interior que significa la suma de antepasados en mi casa, el sueño, para
que las sombras tengan el tamaño del país que las precipita.
XIX
Hay un perro que ladra mientras las auras vuelan; ladra sin distingo cuando las auras proclaman la podredumbre y se reparten las sombras como el hecho memorable del silencio.
Alfredo Nicolás Lorenzo
Poeta, narrador, ensayista literario y Periodista Independiente (Camagüey, 1964. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad de La Habana en 1991. Es fundador de la revista Proposiciones de la desaparecida Fundación Pablo Milanés. Ha sido finalista del Premio de poesía NOSSIDE-CARIBE que dirige el Centro Bossio de Italia. Ha colaborado en las revistas Alforja Poesía y La Voz de Coahuila, México. Es miembro del Taller de la Creación Poética de la Fundación Nicolás Guillén. Su obra poética aparece en Memoria del Encuentro de Poetas del Mundo (Ediciones el Ermitaño, Seminario de Cultura, CONACULTA, 2011. Es asesor literario y fundador de los talleres de narrativa Salvador Redonet, Carlos Montenegro, y del Laboratorio de Escritura Creativa Enrique Labrador Ruiz y del Taller Literario Juana Borrero. Tiene una licenciatura en Historia del Arte, por la Universidad de La Habana en el 2009, y una Maestría en Etnología de la Fundación Fernando Ortiz. Ha tomado cursos en el Centro de Estudios Orientales sobre los asentamientos de los árabes en Cuba. A publi- cado Palabras Mágicas de un Poeta (2010), por la Co- lección Palabras del Oráculo, que dirige el poeta Cesar Toro Montalvo en Lima-Perú y Sonetos de Amor y otros Poemas, (Editorial Almadia, 2011). Tiene en preparación los libros: Décimas a la mirada agreste de un sinsonte y una Antología Personal del cuento. Ha sido finalista del Premio Verbum de Novela 2018 y ha ganado el Premio Praxis de Poesía 2018, convocado por la Editorial Praxis de México.
https://drive.google.com/file/d/1Wo6BXCBr5LxBl4sCTQDOubHwrsAK3L3R/view?usp=sharing
miércoles, noviembre 25, 2020
ENTRE COPÉS. Recital de poesía
Doce premios copés de poesía reunidos en un evento sin precedentes.
En el marco de La Feria Escolar del Libro
"Marco Martos 2020" de la I.E República del Perú".
Se presentarán doce poetas ganadores del premio de poesía
más importante del Perú: el Premio COPÉ
Estarán leyendo sus poemas:
Alfredo Herrera
Johnny Barbieri
Antonio Sarmiento
Marco Antonio Quijano
Óscar Limache
Boris Espezúa
Ana Varela
Christian Zegarra
Carlos Reyes
Leoncio Luque
Miguel Ildefonso
Darwin Bedoya
Están todos invitados. Vía web
viernes, noviembre 06, 2020
Madre América de Johnny Barbieri - algunos poemas
Madre América / Johnny Barbieri
“Madre
América es un libro que lo empiezo a escribir a partir del 2008, cuando inicio
una serie de viajes a diversos países de Latinoamérica: Chile, Cuba, México,
Colombia, Argentina, Bolivia. Estos viajes me confirman que estaba frente a una
patria mayor, que ya no solo era el Perú, sino era Latinoamérica nuestra casa,
la casa grande, nuestra madre patria. Decidí entonces escribir sobre ella,
cantar a aquella tierra que nos vio nacer. Me uno de esta forma al grupo de
poetas que decidieron, en cierto momento, hacer esto: Andrés Bello con sus
Silvas americanas, Chocano y su Alma América, Neruda y su contundente obra
mayor Canto General, Raúl Zurita y su Inri, nuestro Manuel Scorza y sus
Imprecaciones, entre otros.
Madre
América lo voy a estructurar en tres partes: la primera refiere a la parte
física de América, a la América genitora, lo componen doce poemas que tienen
títulos a la manera de las crónicas que se hicieron en época de la conquista.
La segunda parte es una especie de memorial sobre lugares puntuales de nuestra América
como Cusco, Chavín, El Río Amazonas, El Lago Titicaca, Nazca, etc. Lo componen
diez poemas, y termino con una tercera parte que tiene un solo poema de largo
aliento y que habla sobre la conquista de esta parte de nuestro continente.
Este libro no es un canto épico, más bien diría yo, es un canto lírico a
nuestra Madre América.” (Johnny Barbieri)
AMÉRICA
MARÍA / de cómo se amaba a la mujer como al universo mismo
a
Carmen Lizama
mi mujer se llama María, se llama luna, se llama
siega en el campo
al atardecer.
se llama lluvia en el terral baldío, flama de leña
que cuece los adobes,
río que serpea hacia las caudalosas aguas del
Amazonas. se llama roble roto,
roca ígnea, nido de colmillos de caimanes.
mi mujer se llama María, se llama sol, se llama
pared de granito que acaba
de caer.
se llama golondrina, se llama cántaro de agua, agua
de garúa, tromba de enero, granizo de la Patagonia. se llama polen, mariposa
iridiscente,
manos arqueadas por los años.
mi mujer se llama María, se llama mar, se llama
tormenta mar adentro,
cardúmenes coleteando en la playa, barca encallada
en la arena, albatros
volando en un vuelo eterno.
se llama crisálida, niebla densa, arroyo recién
nacido, eco que repiquetea
en la montaña, luz chispeante, recodo hecho con mis
manos.
mi mujer se llama María, se llama tierra, se llama
volcán, se llama América
donde se inicia el orbe, fosa bajo el nevado,
pastizal que siempre retoña, ubre para el nacido.
se llama cantera pulida, manto paracas, fruto que
brota de la tierra, hoja de coca chacchada. se llama puna, andenería, serpiente
tallada en la piedra,
helada que estremece en el altiplano.
mi mujer se llama María, se llama luna, se llama
sol, se llama mar, se llama tierra, se llama América que crece y se ramifica al
mundo.
GENÉSICO / en
que se establece una relación entre hombre y natura
cuando nací me amamantaron los caimanes,
crecí reptando en la grama húmeda que se extendía a
lo largo del Marañón,
el sol horadaba el camino por donde andaba al
mundo.
la piedra sobre el helecho ajustando la espesura,
el nido caído, el cedro endurecido, las fauces de
un animal milenario
petrificado frente a nosotros. yo crecía delineando
las fronteras sobre
la tierra seca con las vértebras de un cuadrúpedo
muerto.
cubrí mi cuerpo con mantas de tocuyo y hojas de nogal,
anduve en círculos bajo la lluvia oliendo el
llantén
que me envolvía, cruzaba el río sobre una balsa que
había hecho
con amarras de maderas de lupuna,
los cafetales se extendían kilómetros a la redonda,
las hojas de coca florecían verdes en la llanura,
alrededor
las reses verdes pacían desolladas.
un acantilado con enredaderas, unos bejucos
arrancados de raíz,
bajo el suelo la tumba abierta, el oro extraído,
la calavera petrificada, el ala chibcha abatida,
el camino araucano cubierto de cicatrices y
levedad,
el dolor del parto de este día, las aves de carroña
en el cielo,
los peces en las aguas envenenadas, el nido de las
procreaciones eternas
al
son de los sikuris.
yo danzaba dando vueltas, girando como un astro
alrededor
de un astro mayor, mis pies se ovillaban en la
tierra,
mi cuerpo daba vueltas sin parar hasta que cesaban
las pulsaciones.
América se eternizaba en mí.
MATRIZ VERDE / del verde como color de la natura
estoy
recorriendo los espacios de las procreaciones,
las
entrañas de América me muestran los dolores del parto.
madre
genésica,
verde
al sur con cactus pequeños,
verde
al norte destrenzada de cabellos verdes,
verde
ensanchado a los extremos,
voy
mordisqueando el verdor hasta romper mis dientes.
el sol
calienta la piel mientras camino sobre este tapiado
de
yerbas verdes.
todo
es verde a mi alrededor, esta isla es verde a perpetuidad,
verde
vendaval, verde lluvia que cae sobre el tejado,
nervadura
verde, verde safari excavado desde sus entrañas,
matriz
verde cepa, hongo crecido, hojas verdes con flores verdes violetas,
germinaciones
verdes.
el
litoral se extiende mientras busco tu cuerpo entre el follaje crecido.
camino
y al andar la tierra se recrea haciéndose más imperecedera,
más
ladeada a los extremos y más honda al centro.
estoy
en el centro, en esta hollada de verdor,
y la
nieve no cae porque no hay nieve verde,
y la
noche no se eterniza porque no hay noche verde,
y el
cielo se estremece de un verdor que solo es posible ver
desde
este punto verde de nuestra América que crece indetenible.
ALAS ROTAS / en que se estima el vuelo de las aves como vuelo de
Dios
ha
regresado de la Patagonia,
la
paloma que inventamos ayer ha cruzado el glacial
y ha
llegado a la angostura de esta tierra embrionaria,
sus
alas blancas están rotas.
sobre
su nido hay aves a la espera de un pequeño soplido.
su
cuerpo agoniza entre mis manos. hay un olor austral como de muerte.
escalones
de piedras y de maderas que rodean el nido de oro.
América
toda llora. hay alas muertas volando en semicírculos.
exploradores
que navegan desde la Patagonia para ver al ave muerta.
los
orfebres hacen palomas muertas.
hundo
mis manos en el mineral y saco un puñado de pájaros
y las
suelto para que vuelen al sol.
el día
tan volátil nos envuelve.
todo
es tiniebla,
nada
queda solo el mismo tiempo roto
y las
alas de papel que se echan al aire para que se hagan polvo.
LUZ HECHA A GRITOS
/ en que la luz alumbra el
mundo
aquel promontorio de luz es la
luz hecha a gritos.
puñado de
fragua que ilumina el mundo.
un cuervo anida
hace siglos sobre un tejado abandonado,
ulula en la
noche bajo la luna desollada.
lebreles corren
tras el sol rupestre hasta perderse en una
montaña andina.
graniza a medio
día naciendo los glaciales más imponentes,
se eclipsa el
sol,
la hoguera se
apaga de un soplo del Salcantay,
hay agua
empozada y caimanes que juguetean sobre ella,
la espesura de
la hierba devora los árboles podridos,
se ahueca la
tierra hasta el subsuelo para extraer el latido más hermoso,
se extrae el
corazón con las dos manos para alzarla al sol.
hay vapor, un
arco iris en solsticio,
helechos
alrededor del movimiento más insignificante,
un quetzal en
blanco y negro parado sobre una rama muerta,
los goterones
que caen sobre los arrecifes,
la marea que
sube por las noches haciendo naufragar las embarcaciones,
la luz del día
refracta sus colores sobre los puquiales,
el mar se
aquieta frente a la procreación,
hay canto rodado
alrededor,
huacas
abandonadas,
pellejo de
auquénidos en el suelo para pasar la noche,
un camino
desdibujado con los pies,
pájaros
dormitando en los nidos después de las exterminaciones.






