martes, abril 02, 2013

La verdad sobre la limpieza étnica

El escritor danés Jussi Olsen-Adler en Barcelona.

Sonriente y con un vaso de sangría en la mano, Jussi Olsen-Adler (Copenhague, 1950) parece haber dejado atrás toda la oscuridad que, dice, trata de encerrar en sus libros, a la manera en que un cazafantasmas encerraría un fantasma en una caja del tamaño de una novela.

Por oscuridad entiende el creador de la serie dedicada al Departamento Q, el departamento de la policía danesa que lidera el gruñón Carl Mork, el abuso de poder. Porque, asegura, todas sus novelas "tratan algún tipo de abuso de poder". La última, 'Expediente 64' (Maeva), el de un psiquiatra.

En concreto, el psiquiatra Christian Keller, ideólogo de las instalaciones que albergaba el islote Sprogo, lugar en el que se encerraba a mujeres de dudosa reputación (prostitutas, promiscuas) y aquellas que se creía tenían un leve retraso mental, para impedir que se reprodujeran. Algunas de ellas eran incluso literalmente secuestradas para ser trasladadas a ese lugar, del que únicamente podían salir si accedían a ser esterilizadas. "Todo por mantener la raza", sentencia el escritor.
 
"Se cree que el asunto de la limpieza étnica lo inventaron los nazis, pero no fue así. Lo inventamos nosotros, los escandinavos", sentencia el escritor, hijo de psiquiatra, que recuerda haber pasado junto al islote en cuestión al menos dos veces al año desde que era un crío.
 
"Dinamarca es un archipiélago, y para visitar a unos amigos debíamos pasar obligatoriamente por la isla. Y veía a las mujeres. Yo creía que habían cometido algún crimen. Pero mi padre me dijo que no, que simplemente estaban allí porque había alguien que estaba abusando de su poder para encerrarlas. Y ese alguien eran un montón de doctores, doctores como él, de los que nadie hablaba en la prensa. En todo el tiempo que estuvo activo el psiquiátrico, sólo se escribió un artículo al respecto. La sensación era de que nadie sabía nada", explica.
 
Las instalaciones abrieron en 1921 y en los años 80 aún se producían desapariciones de mujeres. De hecho, la historia arranca en 1985, en una fiesta. Pero no tarda en trasladarse a las oficinas en las que trabaja el Departamento Q, encargado de resolver precisamente una serie de desapariciones de mujeres ocurridas en los 80. Las pistas llevaran a Carl Mork y su equipo hasta la aislada Sprogo, donde descubrirán que su país esconde al mundo algo de lo que no sólo debería avergonzarse sino por lo que incluso debería ser juzgado.
 
"He escrito esta novela como un homenaje a mi padre, que trató de denunciar el abuso de poder que se estaba cometiendo en la isla y del que nadie quería hablar. Mi deseo es que alguien pida perdón a todas esas mujeres por lo que les hicieron. Muchas de ellas siguen vivas, pero nadie las ha escuchado nunca. Incluso hubo quien se sorprendió en el propio gobierno danés de que algo así hubiera estado ocurriendo", explica. ¿Ha pasado algo en ese sentido desde la publicación de la novela? "No. Nadie ha pedido perdón aún", contesta.
 
Es curioso, dice el escritor, "se cree que los países escandinavos están muy avanzados a nivel social, pero también lo están en otros sentidos que son mucho peores".

Del frío danés al calor de España

Adler-Olsen se enamoró de Barcelona hace ahora justo un año, cuando visitó la ciudad para participar en el encuentro de novela negra BCNegra, y decidió comprarse un piso en la Barceloneta, donde reside buena parte del año.
 
"Barcelona es perfecta, por el clima, por la gente, por el arte, y por su cosmopolitismo", dice. A partir de ahora piensa escribir desde la capital catalana y admite que quizá eso afecte, a la larga, a sus historias. Quizá vayan abandonando poco a poco la oscuridad.
 
Desde una de las terrazas del turístico Parque Güell, lo único que puede hacer es encogerse de hombros y susurrar: "Quién sabe". En cualquier caso, se apresura a añadir, "todo dependerá de mis lectores. Pienso mucho en ellos cuando escribo", confiesa. En ellos y en todo lo que va mal en el mundo.
 
fuente: El Mundo. es