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los otoños de Johnny Barbieri
estación 1/ 20 de marzo
hoy se
ha detenido el reloj a las tres y veinte
y el
almanaque cuelga en rojo desde ayer
ahora se pliega la cama
para afuera
se
doblan las sábanas que aún contienen los gritos
que ya no están
ahora
sobra el sol que muestra su inmensidad
a
carne y hueso
ahora
sobra el zurear de las palomas que han emprendido
vuelo a
otras estaciones
en
aquel rincón donde todo empieza a no ser
solo
hay rezos y una rosa enroscada a la infinitud
los
muros se han cuarteado y hay una tosecita que va
expandiéndose por todos lados
un
cincel despellejando la carne que apenas es carne
y este
mundo a la espera de los que ya no están
ya no
hay camino solo polvo crecido alrededor
solo ese resplandor detrás de la
raya
ese
punto a lo lejos que va creciendo en el interior
como
un grito contenido
esa
ventana cerrada a media mañana
esa
mano rugosa cerrando su propia ventana
el
estertor final que acaso lo ocupa todo
crece
el sepia como un ruido cortante al final de marzo
y
marzo se abisma para todos.
ahora debes ser tú el sol
y la flor que se abrirá mañana para ser también abril
los colores se prenderán en tu piel
hasta ser parte del viejo arcoíris
ahora debes sentir la lluvia cuando camines
por una calle levantando los brazos
y los pájaros vengan a ti
el horizonte se aproximará hasta alcanzar la punta
de tus dedos
ahora debes ser tú quien escoja los besos
quien se eche sobre el verde lleno de muérdagos
que florecen al atardecer
y las aves que gorjeen sobre los muros
para que tú puedas oírlas al despertar
te dejo mi calle
te dejo el ruido del mar cuando revienta entre las piedras
y la arena haga nudos bajo tus pies
te dejo el cielo gris
y los gallinazos dando vueltas
como enroscándose al subsuelo
para allanarse al corazón
te dejo mi bandera que icé sobre un nevado
a los veinte años
y luego agité por las calles con sus colores
que gritaban puño en alto ¡libertad!
canciones a la deidad
el lebrel que corre hacia su mañana
el cedro que da sombra a los niños antes que crezcan
te dejo mis huellas
mis tambores que llamen a los retoños
las llaves de este abril sin albor pero con girasoles
ahora debes ser tú el que mañana
se abra paso entre la impenetrable estampida.
VI
del día que ya termina
es el espacio que se trenza
venido abajo desde ayer
tus dientes muertos otra vez para reír
hay tanta dispersión en tan poco espacio
quiero salir a buscarte a encontrarte a gritarte tras ese
pequeño soplido que parece salido del infierno
quiero verte en camisa hawaiana y no en ese cuervo
que grazna ruidosamente y hace negro el verde
quiero verte en una mesa con botellas verdes
pulverizando las miradas
Bob cuanto verde en tus recuerdos
cuantas avenidas verdes para verte y olfatearte
cuanta flor que ayer recién nacían para susurrarlas
en los jardines
hoy las cuelgo en los nichos a donde no llegan mis manos
cuánta escalera para subir a verte Bob
cuánta lápida verde
cuánta muerte saliendo de todos lados que son verde ahora
y ayer y en la hora que indica apenas las seis
cuántas enmarañadas fosas que se hacen verde
y esa onomatopeya del grito final
y ese sonido verde de los tambores y ese gallo que grita
auxilio en el corral
y ese solitario rincón donde se acumulan los ayeres
no te hagas tarde gato verde y escapa otra vez
maúlla tu hora melosa de las seis
tu exactitud de felino techero
futuro guiso con puré
bellos pelos de todos los verdes erizados
atrás Bob que ya llega la tarde sin ti
atrás Bob con tu pedazo de mandarina y esa oración
que no termina nunca
atrás el verde que enloquece
tus gritos que acallan tu lugar de siempre en el sofá
tus tantísimas ternuras.
1 comentario:
Excelente crítica
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