domingo, abril 09, 2023

Poemas de "Supremo sur"

 


1. en la casa de Nicanor encontré una ventana

(memorial de una visita a la casa del poeta Nicanor Parra)

 

en la casa de Nicanor hallé un tren descarrilado

con cuervos parados sobre los vagones,

hallé un periódico abierto y un pedazo de escondite

bajo el velador,

hallé un poco de veneno pisado en el suelo,

algunos libros oxidados que hojeé hasta llegado el amanecer

de pasado mañana,

oí a la Viole voraz con un latido desbordándole el pecho,

entré a su cuarto recién desatado,

me recibieron fuegos artificiales y una copa de vino,

su sombrero incinerado en medio de la cama,

un bastón inmenso enzarzada de huellas que iban al mar,

subí una escalera para alcanzar su altura,

solo alcancé unos pájaros que volaban al sol.

en la casa de Nicanor encontré una ventana blanca

hecha de vías férreas,

una hornilla apagada y unas llaves para abrir baúles rotos,

una Venus de Milo imponente que se movía lenta

a nuestro paso,

encontré un cuadro de familia,

una como la mía

y anduve por sus cuartos amueblados de ayeres.

encontré viejas máquinas de escribir que escribieron

largos silencios próximos a callarse,

líneas diagonales hacia el jardín,

un epistolario de palomas mensajeras

que volaron para no volver,

sobre una mesa redonda una botella de vino y

cuatro sillas mal acomodadas

para elegir sentarse hoy o ayer,

encontré la Torre Eiffel pintada con tiza blanca,

recordé ir a Francia mañana

y visitar a Emilie Gully en Lyon,

en la casa de Nicanor hallé una ilusión,

unas ganas de beber poesía hasta abotagarme

de magia.

en Santiago bebí un tonel de vino

y leí poesía en el hotel junto a mi compañero de viaje,

fuimos al mar a pescar pájaros   

y solo encontramos el espacio evanescente de la tarde

que se cerraba frente a nuestros ojos.

buscamos ver el mundo

y vimos más que el mundo

en esa casa lacrada en piedra con tejas azulinas,

donde una puerta sin cerradura nos gritaba

ANTI POESÍA.

 

 

 

  

10. casa azul

(Frida Kalho en azul)

y fue azul el sol,

las piedras que caían derribadas por tus manos

eran azules como el océano,

los zarcillos de plata de Coatza eran azules,

la blusa Náhuatl tejida en croché

era azul como las plumas de los faisanes

o eran faisanes con blusas azules,

la casa en Coyoacán como un alud

se expandía por las calles,

los azulejos trepaban por los árboles viejos y daban frutos,

una manzana azul cayó y se rompió el cráneo,

el dolor se hizo azul zafiro,

yo fui a casa de Frida a ver la luz azul, a la casa de la urdimbre,

a la casa de las témperas de colores del cielo en equinoccio,

la encontré dormida,

hubo reliquias dormidas, tinajas dormidas, edredones dormidos,

óleos que jugueteaban entre formas y colores,

                                      líneas y sombras,

un autorretrato policromado,

una desnudez huesuda, acezante desde la matriz,

un alud de colores,

unas inmersiones a la luz que hacía el día en todo su esplendor,

el sol azul, el árbol azul, la casa azul

donde estoy replegado al mundo,

mirando a Frida ceñirse a su silueta prehispánica,

mirando su rostro, su abdomen, sus senos pequeños,

su vértebra recién inventada,

su cuerpo de paloma echado a volar.

 

 




Buenos Aires en vinilo

en Buenos Aires conocí la verdadera fragua,

la fragua que incendió nuestros silencios.

ahora veo tu retrato crecido,

la calle cómplice de nuestros suicidios.

la cama hecha pedazos,

tu sombra fantasmal,

el espejo vacío,

la habitación vacía llena de árboles sin hojas,

el vinilo de Gardel roto, la copa con el vino roto,

las lunetas de mis gafas rotas,

el obelisco roto,

la palabra que callamos rota en mil pedazos.

hoy te hablo con los ojos rotos.

un tango roto, solitario

me acompaña por estas calles donde voy dando vueltas

buscando el final.

Borges es el final.

la Avenida Corrientes es el final.

el sol porteño me ha eternizado frente a ti.

todo es un final.

cuando bajo la rambla hacia el mar el cuchillo

que me atraviesa es el final,

cuando voy por el paseo portuario

cantando un tango milonguero la bala que penetra

sobre mi ojo izquierdo es el final,

tu amor es el final en una llanura pampeana,

es el final cuando voy de una barraca a otra

buscando un porrito para pasar el día,

es el final en lunfardo cuando me miro al espejo

y solo hay un gran árbol echando humo,

es el final aquí entre Callao y 9 de julio

donde estoy a solas detenido por siglos

con mis pasos que solo desesperan.

 

 

 

 

 

  

reverbera México

humea el asfalto en el Zócalo,

la bandera de México ondea a revolución,

las cornetas suenan, los caballos galopan a perpetuidad,

hay cicatrices, un sombrero ancho con tiras blancas,

un recién nacido con sus órbitas vacías,

un esqueleto con su esqueleta y su ropa de novios ajados,

una foto de Pancho Villa frente a unos plantones,

una tira de balas, una ráfaga de hojas secas,

un toro a la deriva en el centro de la plaza hincándome

en la panza.

huele a sequía, huele a res muerta, un bolero me habla

de las Chivas mientras viajo en metro a Coyoacán,

veo a Frida desnuda con un cuchillo atravesado en su

espina dorsal,

veo su cama enferma, veo su tronco horizontal que no ha

terminado de crecer, veo el azul casi negro en tinieblas.

afuera un árbol que se deshoja a la eternidad.

reverbera México.

es eterno el sonido, las moscas que zumban

alrededor del muerto, la losa fría que recibe

el cuerpo que ya no se moverá mañana,

la tierra ya no se mueve mientras voy girando

alrededor de la misma pila de trapos,

esperando que cante el gallo

y se levanten los muertos.

 

 

 

 

 ante la piedra mayor

cráneo de palo, brasa que se levanta para incendiarlo todo.

se detiene mi aliento frente a tu piedra mayor. rostro quechua.

alfarero del polvo.

dime Guayasamín cuáles son los caminos a la luz,

cuál es el gran árbol preñado que hará nacer los pájaros eternos.

el vuelo a la vastedad, el embrión en un urdir interminable.

crece el pasto alrededor de Guayaquil.

crecen los días pluviales, el grano de maíz a ras de la tierra.

crece la mano que se hace asible al nido derruido,

a la fosa desenterrada.

nace el verdor tras la montaña

y las canteras de oro refulgen frente a todo el mundo.

crece la lumbre en los umbrales, germina la flor en la montaña.

tus manos Guayasamín se han hundido en el lodo para tocar

las entrañas de América.

es tierra firme en Quito.

la savia se extiende llevando la luz a todos los rincones.

el grano de maíz crece, la siega se hace interminable,

los rostros amerindios salen de sus orígenes a la superficie.

tú lo ves Guayasamín con tus ojos del edén,

en ese hierro vuelto gesto humano,

en ese grosor de tierra hecho latido perpetuo.

 

 

 

 

 madre América

andar alrededor de un harnero, bordear un trigal

vestido de espantapájaros, coger un fruto reclinado a ser semilla. 

Medellín garabateado en una hoja de cuaderno,

un dibujo a lápiz del sol en Santo Domingo. hay setos creciendo tristes.

un yunque en Cajamarca con enchapes de oro.

Quito enhebrado en un manto que cuelga del tendedero.

andar en mula, cruzar Caracas cargando una mula.

vestirse de rey en Río, subir a un tren fantasma en Montevideo

y robarle un ojo al muerto.

cardúmenes en la pared pintados de negro,

atados con cadenas en Puerto Príncipe.

sedimentos para andar por toda América cantando

una canción de protesta.

tocar el bongó en Matanzas, el bandoneón en Buenos Aires,

el charango en Junín.

salir por la ventana a Granada y ver Puebla o San José,

salir al intersticio donde se inicia el mundo.

caminar alrededor de esta heredad amerindia,

sentir la historia en cada pulsación,

sentir la tierra recién desentrañada.

ya todo será luz, un camino tras otro más largo,

un amanecer en su mayor espesura, una sucesión

de crepúsculos que arda en nuestra piel.

todo será matriz.

 

madre América.                  

 

   


 Johnny Barbieri (Lima, 1966). Ganador del premio Nacional de Educación HORACIO 2003, el premio de poesía Taiwán 2011 y el premio Copé de oro de poesía 2019. Fundador del grupo poético Noble katerba y el grupo nihilista La Mano Anarka. Estudió Lengua y Literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal y Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha participado en Encuentros Internacionales de poesía en Perú, Chile, Cuba, México, Colombia, Argentina y Bolivia, así como en presentaciones personales en España, Francia e Italia.

Su obra comprende: Branda (1993, Ed. Virtual 2020), El Libro azul (1996), MAKA (1999), Jugando a ser Dios (2000), Carne de mi carne (2002), La Virgen negra (2003), Libro Hindú (2005), Yo es otro (2007), La Edad de oro (2010, cuentos) Corazón de abril (2011), Pampa de perros (2012, novela), Rotos todos los cabos (2013, antología poética), Bandera de herejes (2015), El Caberet verde (2016, cuentos), El Hijo rojo y otros cuentos (2018, 2da Ed 2022), Madre América (2020, Ed. virtual), Expediente Vallejo (2021, Ed. Virtual 2020) Sol Rupestre (2021), Supremo sur (2023) y Filigranas para Camila (2023). Hizo una Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.