lunes, julio 21, 2014

Poemas de Martín Córdova



EL ARQUITECTO

En una noche cualquiera construyes,
con las manos desnudas acaricias el barro,
soplas el aire, la nada;
y todo, de repente, nace.
Son creadas una a una las cosas,
los ramajes te brotan entre las piernas
y el sexo fecundo se multiplica.
De tu boca salen pájaros
en una explosión rebelde de malos augurios,
pero sigues acariciando el barro,
lo contienes, no es tiempo todavía.

Ha llegado la lluvia que comienza
con el acto secular del coito,
la tierra se entrega, se empapa
de lujuria en su perpetua sinrazón de la cópula.
Desde tus pies se han levantado los robles
y también los cipreses y los ceibos con sus manos elevadas al cielo;
entre la madera brotan los insectos,
adquiere sentido la creación en estas minúsculas
y horrendas divinidades.
Entre tus manos el barro empieza a tomar forma
¡Con cuánta solemnidad tu caricia la llena
de tu propia imagen acentuada!

De esa lágrima de tu congoja
ha  nacido el mar,
así como tu tristeza, va y viene,
así como tu esperanza se va,
como tu angustia, regresa;
y tú miras el mar
con el largo aliento de la temeridad,
ningún mirar con tanta distancia, con tan clara lejanía,
con tan inquietante nostalgia.
Luego el mar te arrebató la creación,
pero esa es otra historia que aquí no está escrita,
lo escrito está en el barro
que a estas alturas ya no sabes si acaricias o rasgas.
Te preguntas, te crece la duda,
sostienes el barro, pero ya no sabes si te sostienes
a ti mismo y temes, tu propia creación te infunde miedo.
¡Ay de ti, que en una noche cualquiera construyes!

A tu lado juegan los pájaros
y crecen los ceibos
despreocupados.



AUSENTE

Todo empezó con el río.
La mañana puesta como un traje de campo
con el suave olor del mote para la fiesta del día.
El eucalipto y su danza,
su juego de remanso que va y viene
bajo la clara mañana
en la que el campesino descansa.

Mi padre camina hacia todo lo escrito,
da saltos y juega, todavía,
y da palmas de guitarra, de requinto.
Aún anidan en él amor y rebeldía.
En sus manos teje las palabras
que yo pronunciaré en su lugar
mientras la lluvia nos moja
con sus gotas alegres.

Como antes,
hoy también soy el ausente,
la pequeña sombra que se va de tu mano.
Yo sé que buscas en la memoria
el recuerdo de una mañana en Huancabamba.
Pero estás en tu larga espera,
sentado en tu sillón
que yo también pudiera llamar “Sócrates”;
y que aprobarías cómplice y en silencio.

Pero hoy, también soy el ausente,
la pequeña sombra que se va de tu mano
o la pequeña mano que se va con tu sombra.



ARQUITECTURADEL ARCOIRIS O LA ACCIÓN CREADORA DE LA LLUVIA

I

El viento arroja con furia
la noche sobre mi rostro
y empieza a edificar mi arquitectura.

Mi delgada voluntad de pájaro
vuela raudo como una tempestad
que decapita el aire, febril como una danza de cuchillos.

Aquí la noche repite su teoría.
La vida es una ruidosa calle
Poblada por fantasmas.
Del otro lado del río los cadáveres olvidados
son flores que crecieron veinte años después;
flores sobre las que ahora duermen los enamorados
al amparo y al abrigo de la tarde  y su misterio.
Sólo somos una suma de atardeceres,
una estela que el ocaso deja
en su continuo ir y venir y otra vez ir
como las serpientes en la montaña y en las piedras.

Mi cuerpo fue una piedra primitiva.
¿Cómo iba yo a saber que era tu nombre
el que cantaría, si apenas el mundo se formaba ante mis pies
aquellas tardes en que el viento no era sino amable?
¿Qué pasó contigo viento?
Ahora castigas ferozmente las calaminas de las casas de los pobres.

Y quién iba a saber nada si sólo éramos niños correteando
con sus risas y sus mocos y sus alegrías talladas en el suelo.

Y cómo íbamos a saber nada
si el mundo no tenía este gris en sus tejados.

Y quién, acaso, iba a saber nada
si la lluvia era una suave caricia de la madre ausente.

Hoy tenemos otro cuerpo, o tal vez otra piel, o tal vez fue
QUE SOMOS OTROS.
Y quién sabe nada ahora,
si ya ni recordamos a qué sabía el pan de las cinco de la tarde.

¿Cómo iba a saber yo que era tu nombre el que cantaría?

Y ahora, frente al mundo que pasa frente a mis ojos
con su risa y su llanto,
cojo nuevamente la pluma negra que lanza diatribas
y hiero las paredes de mi cuarto:
“NO HAY ARTE SIN CAOS”
y qué absurdo es mi cuerpo desnudo
frente a la soledad y la muerte que aúllan.

Mi cuerpo desnudo fue otro ante el río y la montaña
y era puro y lo amaban los peces
y la hierba se tendía abrazando su piel a mis escamas.
Pero la niñez es un vuelo fugaz de palomas blancas;
y los años son bulliciosos y espantan. ¡Cómo espantan!
Ay! Si supieras…
La hierba cantó en rojo su garganta herida de espinas
de fuego y de pólvora.
Yo no era nadie, un niño desnudo apenas
sin voz para acusar,
porque no hablaba el lenguaje de los hombres.
Quise cantar como un pájaro
y no pude sino correr
con esa lágrima que me es ahora eterna  e insuficiente.

¿Y cómo iba a saber yo nada en esa carrera horrorizada
que no se detuvo sino en tus brazos
bajo una luna envejecida y la lluvia que brotaba?

La lluvia se quedó con nosotros
y la noche multiplicó su negro manto.
El mundo a veces se detiene.
Las horas ya no me caben en el tiempo.
Pasó la noche o las noches
¿o qué fue?
¿Lo supimos acaso?

Pero la última gota de lluvia
es el epitafio del dolor y de la ausencia,
sobreviene el arcoíris;
la mañana nueva, la vida que respira y se alimenta.



II

Yo he crecido con la lluvia
como crecen los Aromos en las sierras pedregosas.
Daba un festín el cielo cada tarde
y la tierra agradecida enloquecía de verde todos los prados.
Yo caminaba descalzo y me perdía por los puentes
por donde cruzan los pastores taciturnos.
Mi madre tenía un enjambre de picaflores debajo del pecho.
Demasiado pronto me solté de su mano
y crucé los puentes,
todos los puentes de la vida
los he cruzado desde entonces
y cada vez más lejos y más lejos
hasta esta estación de los recuerdos.
Los altos eucaliptos fueron mis primeros dioses.
Yo amaba sus tristes hojas que siempre miran hacia el suelo
y amaba su olor de mariposas;
y supe que el amor debía tener olor a eucalipto
y a tierra mojada. Me perdía.
Por entre los campos mis pies exploraban
como inquietas perdices.
Si lo hubiera sabido en esos días,
me habría autonombrado Nautilus,
                                         Hispaniola,
                                         ApuKonTiki,
pero entonces era yo, sin nombres, sin honores,
pájaro de infantil plumaje
de primeras libertades conquistadas.

A lo lejos, las nubes inquietas traían su voz gruesa;
y un manto frío nos cubría.
Era alegre ese andar de los caminos
por el que se iban cantando nuestros ponchos.



III

La lluvia cae en ocasiones
como una danza sensual por las paredes
de los pueblos de la sierra
                                         gota
                                                tras
                                                       gota.
La lluvia alcanzaba para todos
como un abrazo
o una campana de iglesia en los domingos.
La mañana era plena y
coronada de espejos luminosos.
La edad se nos metía en la piel
como un beso aventurero que encantaba el corazón de los muchachos.
Hoy la edad se nos clava como un garfio en la garganta
y la lluvia cae en ocasiones
como una fiesta macabra
en la angustiada noche que nos cubre.
La ciudad es una cumbre sin la promesa del paisaje,
más la promesa del vuelo irrefrenable es seductora;
y hasta aquí llegamos con nuestros dedos ahuesados
que recogemos del suelo,
como quien recoge una moneda para el pan de la tarde.

Yo poblé la ciudad
y luego otras ciudades
y con las ciudades los caminos
y kilómetros y kilómetros
y relojes que acumularon sinrazones
como se acumulan los años en un racimo de historia,
como se acumulan las gentes en el teatro de la zoología.

Yo soy un habitante,
el testigo de un siglo y de otro,
el que vio con tristeza
como se nos fueron cayendo los colores del cielo.
En aquellos años no lo sabíamos,
pero cantábamos el advenimiento del caos.
Nos alegraba el estruendoso anuncio de la lluvia.
Cada gota al caer nos plantaba una flor en el pecho.
Con el tiempo entendimos que la tormenta edificaba el arcoíris,
que la danza gris de la tarde
anunciaba el nacimiento de fabulosos actos creadores.

Es cierto que la lluvia caía como un telón oscuro
sobre tejados coronados por el polvo,
pero cómo nos fecundaba la tierra y los sentidos.
¿Cómo no íbamos a amar la lluvia,
si los campos de frondosos robles se nutrían?
¿Cómo no bendecir su mano extendida en todas direcciones,
si el arado penetraba
y la semilla germinaba
y el campesino se alegraba?
¡y bendita seas lluvia!
¡y bendita seas tierra!
¡y benditas todas las cosas que brotaban!

No lo entendíamos entonces,
pero este caos lluvioso
nos edificaba un arcoíris en el cielo
y un arcoíris en la tierra.
Aprendimos a amar los colores
antes de complacernos en un paisaje de Van Gogh.

La lluvia edificó mi niñez.
La lluvia mostró que la belleza o el orden o el equilibrio
surgen de explosiones que desatan universos.

Lo que no supimos
es que la vida se extendía más allá
de las fronteras de la sierra y de esos años.
El tiempo se encargó de señalar nuevos senderos;
y la lluvia continuó su labor de arquitectura. 



IV

Yo abracé la lluvia
y en ella maduró esta fe de tardes frías.
Aprendí a mirar los tejados
como una larga exhalación de recuerdos.
Aprendí a construir mis días
como las nubes construyen su violencia.
Aprendí a sostenerlos
como quien sostiene un árbol que se cae.
Aprendí que la violencia es sólo un preludio
de una vida que vendrá.
Aprendí a sembrarme lluvias en el pecho
y, con las manos, construirme un arcoíris que colgaba en las paredes.

Los días son una continuidad de ruidos y silencios.

No imaginé que era tu nombre el que cantaría
y he cantado tu nombre.
Cada sonido como un dardo afilado
que construye mi nueva arquitectura.   

Yo soy el que llega en el ocaso,
yo soy el que sopla
y castiga las calaminas de las casas de los pobres.
Yo soy el que se arroja desde el cielo
y siembra y destruye según nos vengan el dolor y la alegría.
Yo soy el capitán, el exiliado.
Soy todos los hombres, soy ninguno;
el que edificó tu eternidad una noche de funestos aguaceros
que corrieron como una jauría de cuervos.

Y soy el arquitecto,
el que hará estallar el barro en universos corrompidos.



GOTTLIEB, EL NUEVO ARQUITECTO Y LA DESTRUCCIÓN DEL ARCOIRIS

En el exacto caos en que la noche actúa
desato tormentas y no dejo intactas piedra sobre piedra,
todo se diluye bajo el río torrentoso
por el que navega la vida.
En el exacto caos el agua avanza.
Se reduce a polvo toda piedra.

En el exacto caos todo funciona sin máscaras,
todo es rebelión, instinto, naturaleza.
En el exacto caos la noche avanza
y mi mente es un gatopardo agazapado.    

¿A dónde acudir?

En el exacto caos mi nombre se levanta
GottliebGottliebGottlieb

La mañana desciende hacia la bruma.
Es sólo el caos en que la noche actúa.

Yo persigo horizontes
y arrojo mis ojos a los ojos de un mendigo;
no me sirven los ojos.
En el exacto caos la vida avanza
pero no asistiré a su lento desenlace,
quiero destruir el orden, la belleza.
La noche avanza y no me alcanzan los ojos.

Yo persigo horizontes
y furioso me arrojo a las ciudades.
Se me caen las manos.
La vida avanza, la noche avanza, mi nombre avanza
y es largo como un amanecer que se retrasa
GottliebGottliebGottlieb
el mundo no me alcanza,
mis manos son inútiles para abrazarlo todo.

En el exacto caos me interrogo y me digo
que esta especie insuficiente
se retrae y se reduce hacia el polvo, cada vez más barro,
se me cae el miembro que es un lobo hambriento.
Mi eternidad ha sido devorada
y ya no me alcanza el miembro,
me es inútil toda extensión de mi cuerpo y de mi nombre.
La vida avanza, la noche avanza,
la terrible formación del barro avanza y mi nombre avanza,
y es el principio y el fin de todo.
GottliebGottliebGottlieb
La eternidad ya no me alcanza,
todo lo hemos devorado. Todo.

En el exacto caos en que la noche actúa
la lluvia se construye como el galope desbandado de los pájaros,
la voz se me cae, toda palabra es inútil, estéril
y se me hace necesario construir nuevos códigos
para comunicarme contigo, Oh humanidad, Oh desdichada;
palabras nuevas que crearán mundos nuevos.
Y en esta efervescente carrera por cambiar esto que vemos,
la noche avanza, la vida avanza, mi nombre avanza.
GottliebGottliebGottileb
Se me cae la voz y aviento palabras
contra la dura pared de mi caverna.

En el exacto caos en que la noche actúa
el tiempo ha comenzado a perderse en una maraña de dedos
que asoman desde la tierra, ahuesados como una súplica,
inútiles para convocar milagros.
Mis dedos no me sirven ni me alcanzan las súplicas.
La noche avanza, la tierra misma avanza
y es mi nombre el que toma distancia.
GottliebGittliebGottlieb
ya no me basta la noche
y he perdido mis dedos.

En el exacto caos en que la noche actúa
todo es incierto
Y en este universo de lírica y épica explosión
se destruye el arcoíris
y surge mi nombre:
GottliebGottliebGottlieb

¡ GOTTLIEB LEBERECHT M…!

 (Todos los poemas de esta selección pertenecen al libro “Arquitectura y Destrucción del Arcoíris”)
 

 Martín Córdova y Johnny Barbieri

 Martín Córdova Bran.- Nació en Huancabamba, provincia de la Sierra de Piura en 1985. Perteneció al grupo literario “Plazuela Merino” de Piura. Tiene por publicar los libros “La Última Rebelión de Prometeo” y “Arquitectura y Destrucción del Arcoíris”


domingo, julio 20, 2014

Los Paraísos de Piero de Pedro Perales en la Feria


Nuevo Poemario
de nuestro amigo
PEDRO PERALES GARCÍA

LOS PARAISOS DE PIERO

Se presentará en la
19° Feria Internacional del Libro de Lima

Presentan:

LEONCIO LUQUE
JOHNNY BARBIERI

La cita es el domingo 27
a horas 2:00pm
Auditorio Ciro alegría

Los Esperamos


Los 90 en la Feria Internacional del Libro de Lima


El viernes 18 de Julio los poetas del 90 abrieron la Feria Internacional del Libro de Lima en la Sala César Vallejo. Fue un hermoso recital de poesía y un momento inolvidable para el reencuentro. La organización del evento estuvo a cargo de la Biblioteca Municipal de San Luis. Aquí algunas fotos.

Llegando los poetas

En la presentación de los poetas invitados

Johnny Barbieri

La mesa de honor

Héctor Ñaupari en la lectura

Ñaupari

Ana María Falconí

Con Isabel Matta

Johnny Barbieri

Barbieri en la lectura

 Johnny Barbieri y Ana María Falconí

Isabel Matta y Héctor Ñaupari

En la lectura Ana María Falconí

Leoncio Luque

 En la lectura Víctor Coral

 En la lectura Isabel Matta

 Los poetas

 Matta, Ñaupari, Barbieri

 Final del recital

Los amigos poetas

Barbieri, Falconí, Ñaupari, Coral, Luque, Ildefonso, Matta

 Foto del recuerdo

 la gigantografía del evento

Poetas

 Katerbas: Iván Segura, Leoncio Luque, Johnny Barbieri

lunes, julio 14, 2014

GENERACIÓN DEL 90 en la FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE LIMA


Poetas de la Generación del 90
estarán en una lectura de poesía
en la Feria Internacional del Libro de Lima

Poetas:
Leoncio Luque
Johnny Barbieri
Ana María Falconí
Miguel Ildefonso
Willy Gómez
Isabel Matta
Héctor Ñaupari
Víctor Coral

Día: Viernes 18 de julio 2014
Hora: 5:00pm
Auditorio: César Vallejo

INGRESO LIBRE

jueves, julio 10, 2014

Entrevista a Martín Adán


Una entrevista que le concedió Martín Adán a Mario Campos en 1983* por los 60 años que cumplía la publicación de su primer libro: La Casa de Cartón, comenta cómo lo escribió y qué representa para él en ese momento. También lo importante que fue conocer a Emilio Huidobro (su profesor de gramática) para su formación como escritor. Por otro lado la desesperanza que siente frente a lo que le rodea, la soledad, la rutina y el fracaso de los poetas en la profecía:

«La principal sabiduría es el entusiasmo»

Entrevista de Mario Campos

Martín Adán: Yo no sé por qué tanto interés en un escritor ya pretérito. Un escritor del pasado sin ninguna vinculación estética con los nuevos tiempos ¿no? Yo soy un escritor de otro tiempo.

–¿De cuál?

M.A: De otro tiempo, lejos, Yo no sé

–No necesito decirle que es un escritor eterno. El más importante poeta vivo del Perú. No necesito…

M.A: …Muchas gracias, muchas gracias. «La República» ha dado la noticia de que en París se ha publicado «La Casa de Cartón» traducida al francés.

–Con notable éxito de crítica, Martín. Luego de casi sesenta años que apareciera ese libro ¿qué significado tiene esto para usted?

M.A: No sé, la verdad… y pensar que yo escribí «La Casa de Cartón»  como un ejercicio de gramática. Mi profesor de gramática fue un español, Emilio Huidobro, el más grande gramático que ha venido jamás al Perú. Me enseñó en el Colegio Alemán. En mi clase los aficionados a la literatura éramos, yo, Estuardo Núñez, Emilio Adolfo Westphalen, y uno, que después fue pintor, pero que entonces no lo era: Ricardo Grau, nieto de Miguel Grau. En una clase anterior a la nuestra está Jorge Basadre, y en la posterior Luis Felipe Alarco, Carlos Cueto Fernandini, Alberto Wagner de Reyna. Ellos eran los más interesados en lo literario y en lo filosófico en el Colegio Alemán.

–Ahí empezó todo…

M.A: Sí pues, ese fue el ambiente en que me formé ¿no? El ambiente escolar, que estimulaba en todos los sentidos para la obra intelectual, para la obra literaria, para la obra artística. Yo diría que mi biografía se refiere sobre todo al colegio. Luego, en la universidad, yo ingresé con Estuardo Núñez. Pero Estuardo se dedicó sobre todo a la crítica literaria, como hasta ahora. Estuardo sigue siendo un hombre de pocas palabras, de poca actividad personal.

–Martín: Ese interés que convoca su obra, su persona, ¿qué le produce?

M.A: Vivo desvinculado por completo del mundo. He vivido por larguísimos años sumido en la bohemia.

–¿Por qué decidió apartarse del mundo, Martín?

M.A: Realmente, yo siempre estuve apartado del mundo. Mi familia era una familia conservadora, catolicísima. Mi familia era mi madre, una tía soltera y yo. Esa era mi familia. Y yo he vivido en ese ambiente ¿no?, quería liberarme de él.

–¿De ese ambiente familiar?

M.A: Bueno, no de mi ambiente familiar, no. Yo venero a mi familia. Pero me aburría. Yo era muchacho, pues, y bohemio. Entonces como era amigo de Honorio Delgado conseguí que me llevara a vivir al Pabellón Dos de Larco Herrera, Ahí seguí mis estudios universitarios tranquilamente. Ahí escribí mi tesis  «De lo barroco en el Perú».

–Pero… ¿por qué el exilio, Martín?

M.A: Por apartarme de la bohemia. Yo quería concluir mi carrera de letras y seguir mis estudios de derecho, que concluí. He terminado el quinto de derecho. Pero no sentía vocación de abogado. Yo no me gradué de abogado sino como doctor en letras.

–¿Qué es la soledad para usted, Martín?

M.A: Es mi medio habitual, mi medio habitual.

–Logró vencerla…

M.A: Vivo en ella desde hace muchos años.

–¿Y no se cansó de ella?

M.A: No, no, no. Ya a los 75 años no estoy para pensar en cambios profundos.

–¿No te llama la atención nada?

M.A: No, no, no. Estoy jubilado en todo sentido.

–¿Ni si quiera le angustia el destino del Perú?

M.A: ¡Ah, sí! ¡Por supuesto! Me preocupa profundamente, pero nunca fui político. Nunca intervine ni quiera en la política universitaria. Nunca tuve vocación para eso. Fui amigo personal de Tomás Escajadillo y de ¿cómo se llama el otro?, ni recuerdo ahora su nombre. Bueno, ellos eran líderes universitarios en aquel tiempo. Y ni siquiera sé ahora a qué partido pertenecían.

–¿Qué es la palabra para usted, Martín?

M.A: Ha sido el «leit motiv»  de mi vida, de mi vida literaria. Le digo que la influencia de Emilio Huidobro ha sido muy grande para mí. Pero yo me considero un gramático antes que un escritor. Pero ni gramático soy. Soy miembro de la Academia de la Lengua, y sólo cuando Riva Agüero y Belaunde fueron los directores, yo acudía a las sesiones, porque Raúl Porras me encontraba donde yo estuviera y me llevaba a viva fuerza a las sesiones de la academia, que ni me acuerdo si eran en la casa de Riva Agüero. De las que sí me acuerdo son de las sesiones en la casa de Víctor Andrés Belaunde. Y en ellas se debatían, digamos, sólo asuntos administrativos de la Academia. No había debates de otra especie.
Entrevista a Martín Adán
Entrevista a Martín Adán en Periolibros.

–¿Qué noción tiene de lo que ocurre en el Perú de hoy? ¿Qué visión tiene de nuestra crisis, del gobierno actual?

M.A: Sobre eso prefiero no opinar. Estoy por completo alejado de esto. Yo fui compañero de colegio de Víctor Andrés Belaunde, y amigo de Rafael Belaunde, papá del presidente. Yo nunca tuve relación con él. Recuerdo, sí, que cuando era candidato pronunció un discurso en el cuál aludió a «La Mano Desasida», que es un poema mío sobre Machu Picchu.

–Luego de 20 años de soledad, ¿qué quiere verdaderamente Martín Adán?

M.A: Pasar los últimos años de mi vida lo más tranquilo posible. Pero mire nomás estoy enfermo, próximo a la muerte.

–¿Piensa mucho en la muerte, no?

M.A: No, no, no, no pienso en ella, pero la muerte sí. Son 75 años de mi vida. No somos eternos. Estoy en el umbral.

–¿Le angustia la idea de la muerte?

M.A: No… pero cuando muera no quisiera estar presente. (Y se ríe. Nerviosamente se ríe. Y es una risa alegre, burlona. Le ha divertido su ocurrencia. Se ríe de la muerte. Se muere de risa).

–Pensaba en sus problemas de lectura.

M.A: Hasta dentro de dos meses no se me puede medir definitivamente la vista para que pueda leer con anteojos. Ahora no puedo leer en absoluto. Pero no me angustia. Hace muchos años que leo poco, casi nada. Ya ni recuerdo lo último que leí.

–¿Qué tiempo hace que no escribe nada?

M.A: Hace muchos años. Desde mi último libro, que ni recuerdo el título. Creo que fue uno que publicó Juan, creo. Ya no he vuelto a publicar nada.

–Los críticos franceses se ha admirado de la sabiduría de un muchacho que escribió «La Casa de Cartón». A los 75 años, ¿se considera más sabio que ese lejano adolescente?

M.A: La principal sabiduría es el entusiasmo. Y yo no tengo entusiasmo para nada. Definitivamente, el entusiasmo es la mayor sabiduría. A los 75 años ya no hay entusiasmo.

–¿Qué hay, Martín?

M.A: Resignación, ganas de vivir en paz con lo que queda. Soledad.

–¿Cuándo se le fue el entusiasmó, Martín?

M.A: No sé cuándo, pero hace muchos años que estoy apartado de la Literatura.

–La literatura era su principal entusiasmo…

M.A: Sí, mis ganas de vivir.

–¿Nada le haría recuperar el entusiasmo, Martín? ¿Nada?

M.A: yo no he estado escribiendo y han ido acumulándose poemas míos para Juan Mejía Baca, él era quien los ha recogido, y los ha transcrito a máquina.

–¿Hay algo que le provoca ternura?

M.A: ¿Ternura?… nada en verdad. Soy un hombre apartado de toda relación inmediata con el mundo. Estoy viviendo mi vida a solas. Ya no tengo actividad, ni siquiera emotiva.

–Usted es uno de los hombres más lúcidos del Perú…

M.A: Pero hágame el favor! Mi vida ha sido un constante error! No he hecho más que errar! Si ni siquiera llegué a ser abogado!

–¿Fue un error ser poeta?

M.A: No lo sé…

–¿El más grande poeta vivo del Perú?

M.A: No lo creo, no lo creo. Yo no creo ser el más grande poeta del Perú. Es verdad que después de José María Eguren y de Vallejo… ya los que hemos quedado. Pero yo soy un pacifista, un hombre de derecha y un pacifista. Y también está Westphalen que escribió e influyó en la Literatura de nuestros días, pero que se ha apartado para siempre.

–¿Por qué dice que su vida ha sido un constante error?

M.A: Lo ha sido en el sentido real, en el sentido social. Pertenezco a una antigua familia de Lima y debía ser ahora, por lo menos, un vocal de la Corte Superior. ¿Y qué?: estoy de ex-bohemio, ni siquiera de bohemio.

–Pero sus poemas se van de mano en mano. Conmueve a la gente, la exaltan, la enternecen…

M.A: ¿Usted cree? ¿Se lee todavía en Lima? ¿Me leen?…

–¡Por supuesto!

M.A: Muchas gracias. ¿Pero cuántos conocen mi nombre verdadero?

–Hay mucha gente que sigue su poesía, lo que le ocurre a usted, ¿no lo cree, verdad?

M.A: No, no, no, admito plenamente lo que usted me dice. Pero me extraña.

–¿Por qué?

M.A: Porque creo que la gente de Lima lee poco, o nada. Lee noticias excitantes, o interesantes desde el punto de vista personal de cada cual. Pero no en sentido universal ¿no?

–Debe atormentarle haber producido tanto en un país que lee tan poco…

M.A: No crea: yo soy un hombre exiguo que antes que nada se considera un gramático.

–Usted es  un poeta Martín… el más grande…

M.A: No, no. «La Casa de Cartón» fue escrita como ejercicio gramatical de las clases de Emilio Huidobro.

–¿Cuándo se quebró su vida, Martín?

M.A: ¡Mi vida!… Yo me aparté de lo social, de la bohemia, de mi constante trato con los literatos y con artistas. Me cansé de esa vida.

–En el Perú la extremada lucidez conduce a la autorreclusión y la autoeliminación…

M.A: No voy a hacer de mi caso, un caso universal. La mía es una experiencia personalísima. De mi generación, Xavier Abril, Westphalen, todos son hombres que han vivido su vida plenamente sin bohemia.

–Usted se arrepiente de su bohemia…

M.A: Yo no me arrepiento de nada. He llegado a los 75 años, vivo solo, estoy enfermo.

–¿De qué se enorgullece?

M.A: De nada, en absoluto. He escrito por rutina, por escribir. He escrito por exigencias de Juan Mejía Baca que iba acumulando poemas míos. Yo no tengo hogar. Me quedan algunos recursos económicos que me permiten vivir de mis rentas. Pero no siento mayor entusiasmo, ninguna ambición.

–Usted cree que es posible ser feliz en el Perú?

M.A: Algunos los consiguen.

–¿Quiénes?

M.A: No sé. Pero hay alguna gente que está feliz y bien establecida.

–¿Qué recuerda de Barranco?

M.A: En Barranco sólo tuve dos amigos que fueron Eguren y Estuardo Núñez. Eguren me recibía todos los domingos. Yo llevé a Estuardo a su casa. Eguren era un hombre extraordinariamente simpático, bondadoso, inteligente. Casi no hablaba de su poesía, y cuando hablaba de la obra literaria de sus contemporáneos, lo hacía siempre con extremada bondad. Con gran afecto pero sin mayor penetración crítica. Él fue  mi primer amigo literario.

–Se dice que le negaron su ingreso a San Marcos porque usted puso como domicilio el Larco Herrera.

M.A: No es cierto. No tuve  problemas  para ingresar a San Marcos.

–¿Cuáles son sus razones para vivir?

M.A: No se vive por razones. Se vive por sentimientos. Se vive por instintos. Yo no creo que se viva por razones.

-¿Cuáles fueron entonces esas razones y esos instintos por los cuales usted vivió?

M.A: ¡Fueron tantos!

–¿Pero cuáles?

M.A: Creo que todo empezó con los estudios de gramática castellana, que seguí en el Colegio Alemán con Emilio Huidobro.

–¿Sabe qué, Martín? Yo pienso que usted no se quiere mucho…

M.A: Yo sólo sigo viviendo por rutina, aún los entusiastas viven por rutina de entusiasmo. Todos somos rutinarios. Ya estoy viejo.

–La rutina de la vejez. Pero Sánchez, creo, es diez años mayor que usted, ¡y ya lo ve!

M.A: ¡Ah, Sánchez! Fue mi profesor en el colegio y en la universidad. Yo quiero mucho a Sánchez. Nunca hemos coincidido en lo político, pero siento simpatía por él, y creo que él por mí.

–¿A pesar de todo?

M.A: Sí, a pesar de que más de una vez, Sánchez ha aludido a mi bohemia en forma poco prudente y hasta descortés.

–¿Cuál diría que fue la etapa más feliz de su vida?

M.A: Ya no recuerdo nada.

–¿Y qué espera sin embargo?

M.A: No sé qué irá a pasar en el Perú. Creo que ningún peruano lo sabe. A mí me preocupa mucho el futuro del Perú.

–Pero los poetas son un poco profetas…

M.A: no lo crea, somos pésimos profetas.
(*) Publicado en La Casa de Cartón. Editorial Iberoamericana Periolibros. 1990. Representado, en el Perú, por Manuel Scorza, distribuido por el diario La República. 

Fuente: poetas del fin del mundo

lunes, julio 07, 2014

Julio de Poesía en San Luis


Este martes 15: JULIO DE POESÍA 
en la Biblioteca de la Municipalidad de San Luis
(Jr La Capea 180. Urb. Villa Jardín. San Luis - Lima). 

Organiza: Leoncio Luque Ccota. 

Participan:  
Jesús Rito García (México)
Johnny Barbieri 
Micaela Gonzales
Harold Alva
Natalia Vargas Cotrina 
 Henry Córdoba

La cita es a las 7pm. 

El ingreso es libre.